Cada año pasa lo mismo. Llega enero con sus propósitos, sus listas de objetivos y sus promesas de cambio, y en febrero la mayor parte de todo eso ha quedado en nada. Pero hay un mes que pasa más desapercibido y que, según la psicología, puede ser mucho más efectivo para empezar de cero: septiembre. No es solo una sensación, sino que es algo que millones de personas experimentan cada año sin ponerle nombre, y que en los últimos tiempos ha encontrado una etiqueta en redes sociales: el September reset.
En redes sociales se multiplican los vídeos de gente que comparte sus nuevos hábitos, sus rutinas renovadas y sus nuevos proyectos. Volver al gimnasio, comer mejor, madrugar, organizar la casa, ahorrar, leer más, etc. Cosas que sonaban igual en enero, sí, pero que en septiembre tienen un propósito real de cumplirse, como si el año empezase ahora. En Spin Genie te explicamos por qué.
El efecto del nuevo comienzo
Un estudio publicado en la revista Management Science analizó lo que los investigadores llamaron fresh start effect o efecto del nuevo comienzo. La idea es que ciertos momentos actúan como puntos de inflexión mentales. Nos referimos al inicio de una semana, un mes nuevo o una nueva etapa. Estos momentos permiten establecer una separación psicológica con lo anterior y refuerzan la motivación para perseguir objetivos, independientemente de lo que haya sucedido con anterioridad.
Septiembre cumple todos esos requisitos y además añade algo que enero no tiene: el impulso de la vuelta a la rutina. Después del verano, los horarios se reorganizan, los gimnasios vuelven a llenarse, al igual que se retoman actividades, cursos y proyectos. Hay un cambio real en el entorno que refuerza la sensación interna de que algo nuevo empieza. Y eso, psicológicamente, es muy poderoso.
Septiembre es un mes especial
En enero se empieza desde el cansancio de las navidades, el frío, la vuelta al trabajo después de los excesos y la sensación de que el año que empieza es todavía una hoja en blanco que puede llenarse de cualquier cosa, buena o mala. Hay presión, pero no energía.
En cambio, septiembre es diferente. Al noveno mes del año se llega con las pilas cargadas después del descanso veraniego, con más horas de luz que en invierno, con el cerebro descansado y con una agenda que toma una nueva estructura. Los cambios que se proponen en septiembre tienen una base mayor sobre la que partir. Además, los pequeños cambios son más visibles. Volver a entrenar después del verano se nota más rápido, como también es más sencillo reorganizar la rutina.
Cómo aprovecharlo de verdad
La clave del September reset no está en hacer una lista enorme de objetivos el 1 de septiembre. Lo que funciona es identificar una o dos cosas concretas que quieras cambiar o retomar, y aprovechar el cambio de etapa como un pequeño impulso inicial.
No hace falta transformar la vida de golpe, sino que basta con que septiembre sea el mes en el que vuelvas a correr tres días a la semana, en el que empieces ese curso que llevas posponiendo, o en el que por fin organices las finanzas. Un cambio sostenido vale más que diez propósitos abandonados y sin fundamento.








