Hay decisiones que tomamos todos los veranos sin darles demasiadas vueltas. Playa o montaña. Mar o sierra. Chiringuito o refugio de montaña. Parece una elección práctica, de clima y de comodidades, pero la psicología ambiental lleva tiempo diciéndonos que detrás de esa preferencia hay bastante más. El entorno que buscamos cuando desconectamos refleja, en buena medida, cómo somos.
El psicólogo Friedrich Götz lo resume así: los humanos no vivimos en un vacío, y todo lo que pensamos y sentimos está arraigado en nuestra geografía. El entorno que elegimos no es solo el escenario de nuestras vacaciones; es también, en cierto modo, un espejo. Lo analizamos en Spin Genie.
Si eres de playa

Las personas más extrovertidas suelen inclinarse por el mar. Los espacios abiertos, el movimiento constante del agua, la gente alrededor... todo eso encaja con quien busca estimulación externa, conexión con otras personas y una energía particular que tiene una tarde en la orilla con buena música de fondo.
El biólogo marino Wallace J. Nichols tiene un término para lo que produce el contacto con el agua: “Blue Mind”, mente azul si lo traducimos al español. Es ese estado de calma activa, de apertura mental, que aparece cuando miramos el mar, que diferentes estudios han documentado que es una acción que ayuda a reducir el estrés, a facilitar el popular “reseteo cognitivo”, haciendo que la mente descanse y vuelva a un estado más natural. El mar no es solo bonito, sino que también es restaurador para el físico y la psicología de muchas personas.
Dicho esto, la persona que elige la playa no siempre lo hace para socializar. A veces la playa es también silencio, horizonte y dejar la mente en blanco. La psicología habla de tendencias, no de reglas. Pero si lo tuyo es un paseo por el chiringuito, el partido de pádel con gente que acabas de conocer y acabar la noche charlando con gente que no conocías esa mañana, el perfil tiene bastante coherencia.
Si eres de montaña

La montaña atrae a los que buscan otra cosa. Varios estudios apuntan a que las personas con tendencias más introvertidas sienten una atracción mayor por los entornos de alta montaña o rurales, en los que hay más aislamiento, más silencio, más tranquilidad. Espacios donde no hace falta gestionar el ruido social ni el de los chiringuitos.
Los entornos verdes, sean bosque, sierra o campo, tienen efectos sobre la salud, puesto que ayudan a reducir la presión arterial, a mejorar la calidad del sueño y a producir un verdadero descanso emocional. Es el tipo de recuperación que el cuerpo y la mente necesitan cuando llevan meses a un ritmo permanente de trabajo.
Si tu idea de unas vacaciones perfectas tiene que ver con madrugar para ver el amanecer desde una cumbre, caminar con total parsimonia, leer durante horas sin interrupciones y volver a casa sintiéndote un poco más persona, probablemente la montaña sea parte de cómo procesas el mundo.
Los más indecisos
Hay quien cambia según el año, el estado de ánimo o con quién va. Eso también dice algo, y es que lo que se busca en las vacaciones no siempre es lo mismo, y el entorno es una herramienta, no una identidad fija.
Otro aspecto a tener en cuenta es que aunque vayamos a un sitio u otro, podemos no descansar por completo. Es decir, se puede estar en la playa con el cerebro todavía en el trabajo, igual que en una cabaña de montaña. El destino importa, pero lo que haces con él importa más, y en la predisposición que tengamos realmente a desconectar del todo. Algunas personas también necesitan más días que otras para olvidarse de su día a día al completo y estar en ese estado de descanso emocional total.









